Ventajas de la mediación en la empresa familiar

Artículo para pymesonline.com de Serafín Alonso, mediador y fundador de MTF Consultores y Delegado de la Asociación Española de Mediación,  Arbitraje y Derecho Colaborativo.

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Se estima que en España hay aproximadamente un millón y medio de empresas familiares.

 

Las empresas familiares son tremendamente propicias a los conflictos internos. Estos conflictos pueden terminar con su viabilidad, debido a que en ellas se da la  confluencia de dos ámbitos de relaciones, que no siempre se saben mantener adecuadamente separados: El ámbito familiar y el propiamente empresarialCada una de estos ámbitos tiene su propia lógica y sus propios valores. 

 

"En la empresa familiar confluyen dos ámbitos de las relaciones. El ámbito familiar y el propiamente empresarial."

 


El fin de la empresa es conseguir beneficios a través de una adecuada estructura y una buena dirección, lo que exige una jerarquía basada en la cualificación de las personas. Frente a ello, la familia está fundada en la afectividad, la confianza y la ayuda mutua. Presidida por un criterio básico de igualdad entre sus miembros, al menos dentro de cada generación.

 

La excesiva desaparición de las empresas familiares que reiteradamente se da en España a lo largo de varias generaciones supone un importante lastre al desarrollo económico, agravado por nuestra tradicional escasez de emprendedores y de iniciativa empresarial. El problema se puede considerar muy grave si tenemos en cuenta que estas empresas contribuyen a la generación del 80% del total del empleo privado, y que las mismas desaparecen en un 30%  en su paso a la segunda generación, y que sólo un 15 % de ellas sobrevive a la tercera generación.

 

"El 30% de las empresas familiares desaparecen en su paso a la segunda generación. Sólo un 15% sobrevive a la tercera generación"



Hay varios refranes que reflejan esta situación y tal vez por eso se dice habitualmente, “El abuelo funda la empresa, los hijos la debilitan y los nietos la liquidan”. 

 

Como profesional economista conocedor de estas empresas y como mediador experto en resolución alternativa de conflictos, creo que hay algunas pautas que podrían anticiparnos a estos problemas y resolverlos si ya los tenemos.

 

Un buen mediador es capaz de romper las barreras de comunicación. Ayudar a hacer consciente a cada parte de los sentimientos e intereses de las otras e incluso de los propios. Positiviza el lenguaje. Acentúa la conciencia sobre el valor de la conservación de los lazos afectivos y las ventajas de su adecuada utilización en su proyección a la empresa. Saca a las partes enfrentadas de sus encastillamientos para llevarlas a un productivo diálogo nuevo sobre intereses. Crea así un positivo clima de confianza donde surgen soluciones colaborativas (win/win) capaces de satisfacer a todas las partes.


Ese paso del bloqueo absoluto a la colaboración es lo que se ha denominado “el milagro de la mediación”. Un milagro que requiere mediadores bien formados en las técnicas adecuadas, pues no es posible en otro caso.


Son muchos los conflictos que pueden poner en peligro las empresas familiares y a titulo enunciativo, no exhaustivo ni limitativo, mencionaré algunos ejemplos:

  • Decisiones adoptadas en el seno de la familia y sin criterios empresariales.
  • Socios familiares que se creen con derecho a participar en la gestión del negocio, o al menos, a disfrutar de un puesto de trabajo, con independencia de su capacitación y de las necesidades de la empresa.
  • Socios o familiares que trabajan en la empresa, consideran que su remuneración debe depender de sus necesidades personales, y no la que marque el mercado para la función desarrollada. O cuando menos, igualar a la de sus hermanos o primos. Esto provoca graves efectos desmotivadores: un socio sobrepagado desmotiva a otros más cualificados, mientras el infrapagado tiende a querer dejar la empresa, que pierde así sus mejores talentos.
  • Dificultad del  fundador para ir delegando la gestión, por ver siempre a sus hijos insuficientemente preparados, o porque le resulta difícil aceptar que ha de dejar de ser indispensable.
  • Distinta visión del negocio que tiene el fundador, generalmente más conservadora, y sus descendientes, a veces con mejor preparación académica y con más tendencias innovadoras.
  • Dificultad para definir un liderazgo claro entre los descendientes del fundador, sobre todo en el caso de que éste no haya querido planificar una solución en vida por no abrir “la caja de Pandora”.

Estos problemas se ven acentuados, por el miedo que frecuentemente existe en las familias a los conflictos que puedan poner en riesgo las relaciones familiares.  Y la reacción mas habitual, es querer huir de ellos, y a no enfrentar las decisiones necesarias en el momento adecuado. Lo que genera serios problemas de comunicación y un inevitable agravamiento de los problemas futuros.

 

Dichos problemas suponen un grave lastre para la empresa, y un serio riesgo para su supervivencia. Las consecuencias pueden ser, entre otras, la falta de liderazgo, la imposibilidad de una planificación a largo plazo, la tendencia a detraer excesivas ganancias como beneficios, sin suficiente reinversión (“exprimir”), la paralización y el progresivo deterioro de la empresa. 

 

Y como no, estos problemas suelen aflorar en momentos críticos, como es el de la sucesión del fundador, o fundadores, o el de la mera planificación de la misma cuando se quiere anticipar. Aunque muchos de ellos pueden haber estado latentes e incubándose durante años.

 

Estos conflictos, cuando estallan, son además particularmente destructivos pues no sólo pueden acabar con la empresa como motor económico de la familia, sino también con las relaciones personales familiares. Por eso os animamos a conocer la mediación como método alternativo para la prevención y gestión de conflictos. 

 

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Una herramienta idónea: Mediación.

De la experiencia de otros países con una sociedad civil más madura se puede aprender la gran utilidad que aporta la mediación como instrumento alternativo de resolución de disputas, bien por sí misma o, también, en ocasiones utilizado conjuntamente con otras herramientas.

 

Es necesario huir de la idea que puede haber calado en nuestra sociedad de que la mediación es sólo un instrumento para conseguir una más amistosa separación o divorcio entre cónyuges. De hecho puede y debe utilizarse en muchos otros ámbitos civiles y mercantiles, preferiblemente con mediadores expertos en esa clase de conflictos. Y, desde luego, los conflictos en la empresa familiar, sea ésta grande o pequeña, o se trate de una familia extensa o reducida, son de los más indicados para este sistema de resolución aún tan desconocido entre nosotros. 


Y es que cumplen muchos de los requisitos necesarios idóneos para tal finalidad:

  • La conveniencia de encontrar soluciones que permitan la supervivencia e incluso la mejora de las relaciones de los implicados en el largo plazo, como son las que se dan tanto entre los familiares como entre los socios de una empresa.  
  • La implicación en el conflicto no sólo de problemas económicos y organizativos sino también de fuertes emociones que acentúan las convicciones respecto a las propias posiciones, la tendencia a sentirse víctima injustamente tratada, y la progresiva “demonización” de los contrarios. 
  • La existencia, por ello, de bloqueos en la comunicación que dificultan entender la posición de los otros implicados, y el desarrollo de emociones negativas que dificultan la generación conjunta de soluciones constructivas, o incluso a veces el mero diálogo entre los implicados: ira, resentimiento, sentimiento de culpa, y de impotencia y desesperanza. Lo que se ha denominado el “secuestro amigdalino”.
  • La insatisfacción de intereses que consiguen las soluciones heterocompositivas para estos problemas, como las vías judiciales, que aunque puedan resolver puntos concretos, lo harán generalmente dando la razón a algunas de las partes y sin satisfacer a las otras, aplicando criterios puramente jurídicos, en proceso largos y costosos en términos económicos y emocionales, que no solucionarán realmente los problemas de fondo, y que por ello acabarán con las relaciones familiares y, con bastante probabilidad, también con las empresas afectadas en el medio y largo plazo.

 
Por ello la mediación debe jugar un gran papel en este campo. No sólo para ayudar a resolver a satisfacción de todas las partes los problemas actuales (y no sólo los que afloran, sino también los de fondo que los impulsan), sino también para prevenir y ayudar a una más fácil resolución de los problemas futuros.

 

Los conflictos en la empresa familiar, pueden ser muy variados, de la misma forma el proceso de la mediación ha de ser diferente en cada uno de los casos para adaptarse a las necesidades del mismo. Pero en todos los casos esta solución compite con ventaja al estancamiento o a la judicialización del conflicto. El problema se resuelve confidencialmente. Sin perjudicar la reputación de la empresa y a través de la libre adhesión de los interesados a las soluciones, lo que facilita su cumplimiento voluntario, La asunción de los nuevos roles de cada uno en la empresa que acuerden, un mayor compromiso con la empresa y con sus valores compartidos. 

Además, incluso en los escasísimos casos en que resulte fallida, educa a los participantes en una mejor capacidad de comunicación, escucha y comprensión de los demás socios. No sólo se salvan los lazos familiares y empresariales, sino que los mismos resultan reforzados, dotando así a la empresa de enormes ventajas competitivas.

Por último decir que cabe combinar la mediación con otros instrumentos de resolución de conflictos, y por ello suele ser aconsejable pactar la posibilidad de un arbitraje, para el caso de que la mediación pueda finalmente resultar fallida. Una solución arbitral seguirá siendo siempre menos dañina que la judicial, aunque nunca tan buena como la del acuerdo de una mediación. Pero prevenir esa solución “escalonada” puede incentivar el interés y el compromiso de las partes enfrentadas con la mediación y favorecer así la solución en la fase amistosa. 

 

Otra interesante combinación es el de la mediación con los llamados “protocolos familiares”. La utilización de aquélla en la elaboración, desarrollo y cumplimiento de los llamados “protocolos familiares”, que será casi siempre facilitadora y a veces imprescindible. 

 

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